Cristiano a Zidane

La temporada de Cristiano Ronaldo no está siendo buena. Pero la pasada, en la que terminó firmando la recta final más resolutiva de la historia de la Champions League, a estas alturas no estaba siendo mejor. El fenómeno portugués, como él mismo ha reconocido en una entrevista reciente, ha perdido capacidades, pero también es cierto que la experiencia le enseñó a aprovechar mejor las de sus compañeros. Por eso, su insuficiente rendimiento no está teniendo la raíz en lo individual -que no es solucionable-, sino en lo colectivo, donde su entrenador sí podría echarle un cable. La prueba, que siempre que el Real Madrid fluye en un partido, al aficionado más frío del fútbol se le viene el pensamiento de que Cristiano Ronaldo va a volver a hacerlo en el momento de la verdad.
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Anoche, su actuación fue fantástica. Y revisando el archivo, también se contó como pico en esta campaña suya el envite contra el Sevilla FC. En ambos casos, Zidane optó por un 4-2-4 simétrico con Kroos y Modric en el doble pivote y Lucas Vázquez y Marco Asensio atacando los costados. Resulta importante señalar también que lo hizo contra rivales con la costumbre de llevar la iniciativa en el juego y que en ambos encuentros el Madrid se adelantó en el marcador antes del minuto tres. Y en dicho contexto, el gran goleador disfrutó de los siguientes tres puntos:
1. La posibilidad de contraatacar. La transición defensa-ataque de los blancos está muy lejos de representar el peligro de la era de Mourinho, pero poder correr, poder moverse en espacios abiertos, es, ante todo, oxígeno emocional. El Madrid está escaso de energía mental porque todo le está costando muchísimo esfuerzo durante este curso, y de ahí que abrir cerrojos le genere pesadumbre. Atacar con espacios, aunque sin Bale no posea la velocidad para explotarlos, permite sumar acciones positivas con mayor facilidad y repercute en la confianza de, entre otros, Cristiano. Volviendo al ejemplo de la Real Sociedad, no sólo marcó un hat-trick, sino que completó cuatro regates cuando su media en esta 2017/18 está en 1,1.
2. Un Madrid instalado arriba. Disponer de extremos fijos en banda, extremos que además tienen la capacidad de permutar posición con sus laterales, favorece, precisamente, el juego de Marcelo y Carvajal, que son quienes cargan mayor peso en los ataques del equipo. Disponer de líneas de pase permite al brasileño y al español optar por soluciones distintas al centro precipitado al área que dan tiempo al colectivo para subir metros juntos, prepararse para la transición ataque-defensa y, de esa manera, dominar la segunda jugada. Cristiano, un maestro moviéndose en las segundas jugadas para encontrar los espacios que surgen en estas, crece de este modo.
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3. La compañía en el área. Aunque en el 4-3-1-2 Cristiano goza de la misma compañía teórica en el área que en el 4-2-4 (el otro delantero) o el 4-3-3 de la BBC (Benzema o Bale), en la práctica no es así. Cuando el Madrid no ocupa las bandas con hombres fijos (es decir, cuando forma el rombo en el centro del campo), uno de los dos puntas se ve forzado por norma a caer en un costado y abrir el campo. Más allá de que la eficacia de este movimiento no es alta porque ni Benzema ni Cristiano son amenazas peligrosas encarando a laterales preparados a día de hoy, el hecho es que sus rutinas se entremezclan con esa obligación y quien se queda en la zona de remate se ve sobremarcado por la pareja de centrales y un portero que sólo tiene que atender a un finalizador. En el 4-2-4 o el 4-3-3 de la BBC, es decir, con extremos en su sitio, Cristiano nunca está solo en el área, las atenciones se dividen y él gana margen de maniobra.